La Inteligencia Sensible

Es 13 de abril y la primavera explota ya con todo su temperamento, una fecha conmemorativa para Morrus, que hoy recuerdo y que siempre me anima a escribir. Seguro quedará fascinada con esta breve y errática exposición sobre la Inteligencia de las Plantas.

Recuerdo ahora la conversación que mantuvimos con Encarna Cuevas sobre la relación de las plantas entre sí y su integración y comunicación con el medio y todos sus agentes. Encarna estudió la carrera de Ingeniería Agronómica en Madrid, pero llegó un día en que se planteó preguntas realmente trascendentales sobre las enseñanzas que estaba recibiendo. Este nuevo planteamiento la llevó a viajar a lo largo de Francia conociendo y colaborando con los mejores expertos en biodinámica de este país.

Y es que Encarna nos explicó que las plantas además de seres vivos, son seres inteligentes. Las plantas conviven con otros microorganismos con los que muestran sensibilidad y se comunican, finalmente demostrando así inteligencia. Las plantas son seres sociales, políticos podríamos decir.

Encarna es una mujer resuelta, viva, con movimientos algo acelerados; parece querer compartir toda su experiencia a gran velocidad y con encendido entusiasmo, pero parece faltarle tiempo para revelar todos sus conocimientos. Nos empieza a hablar de cómo las plantas escogen los nutrientes más interesantes, de su relación con el suelo, de cómo huyen de los elementos tóxicos, de su sensibilidad a las vibraciones.

Las plantas se comunican con sus organismos vecinos, en algunos casos necesitan vectores para protegerse, para alimentarse, para reproducirse; a veces incluso manipulan a animales como los insectos con los que establecen relaciones simbióticas en las que ambos obtienen beneficios.

Las plantas básicamente se alimentan de humus y agua a través de sus raíces, pero también sus raíces establecen una asociación con las microrrizas que sirven de catalizador y nexo de unión entre planta y suelo, y ulteriormente entre planta y planta, reconocen a sus familiares en ocasiones avisándoles de riesgos y peligros potenciales.

Con frecuencia hemos criticado el uso de herbicidas y prácticas agrícolas que aniquilan la vida de los suelos, y ahora entendemos que los suelos adquieren una vital importancia en los mecanismo de regulación de nuestros viñedos. Podemos interpretar así el suelo como un organismo más que interactúa con las plantas.

El suelo es uno de los ecosistemas más complejos que existen en la naturaleza y uno de los hábitats más diversos. Contiene un sinfín de organismos diferentes que interactúan y contribuyen a los ciclos globales que hace posible la vida. En ninguna otra parte de la naturaleza las especies viven tan densamente concentradas como en las comunidades de organismos del suelo.

Las prácticas de gestión sostenible de la tierra como la agricultura orgánica, el cultivo sin laboreo y la agricultura de conservación son fundamentales para garantizar la salud de los suelos y aumentar de manera sostenible la productividad agrícola. La adopción de un enfoque ecosistémico que tenga en cuenta los recursos de tierra, hídricos y vivos es muy importante para la conservación y el fomento de la biodiversidad. Conservar y fomentar la biodiversidad es indispensable para mejorar la salud de los suelos y, así, garantizar un sistema alimentario productivo para mejorar los medios de vida rurales y para un medio ambiente sano.

Nos inclinamos a contemplar a las plantas como un ser inferior posiblemente porque no se mueven, o se mueven a velocidad muy inferior a lo que lo hacen los animales, pero hemos llegado a comprender que no son tan diferentes a nosotros. Las plantas duermen de forma muy parecida a los animales. Tienen un ciclo diurno, activo, y otro nocturno, de descanso. También hay plantas que son nocturnas, como algunos animales, y los ciclos van al revés. La fase de descanso de las plantas tiene las mismas características que en los animales, incluso las posiciones de descanso son parecidas. Si analizamos el organismo en su conjunto, podríamos afirmar que la diferencia entre las plantas y los animales no es una diferencia cualitativa sino meramente cuantitativa.

En estos días de delirio electoral, cuando unos y otros se encargan de crear y desarrollar problemas atiborrándonos de datos hasta conseguir abrumarnos llegando a hacernos sentir que realmente pensamos libremente, es de notable actualidad recordar que si se define inteligencia como la capacidad de resolver problemas, las plantas tienen mucho que enseñarnos (Stefano Mancuso).


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