Camino de Invierno

Invierno 2016 ~ Camino de Santiago

7. El Camino al Desnudo.

Es bueno acompañarse de silencio, y de otros tantos elementos naturales de los que estamos muy alejados. Con frecuencia se habla del Camino de Santiago como un punto de encuentro. Pero, ¿punto de encuentro de qué? Otras gentes, otros países, más confusión, mezcla de culturas… ¿culturas?¿no será más bien globalización?

Todos somos iguales. Y es verdad que todos los peregrinos son iguales: actúan igual, visten igual, hablan de lo mismo, piensan lo mismo. ¿piensan?

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Entonces llegamos a la conclusión de que vivimos con un exceso de calor. Vivimos excesivamente arropados, protegidos hasta conseguir aborregarnos. Adoramos nuestros derechos adquiridos – privilegios de burgueses del primer mundo –, y estos derechos nos vuelven tontos. Nos moldean y hacen débiles y mientras los políticos, los viejos y los emergentes, hacen su negocio.

Por eso es bueno recibir una nevada durante el Camino Interior, frío que nos aleje de lo cotidiano y rutinario. Hablan de progreso cuando el hombre se aleja de la Naturaleza; cuando éste se aleja, se le considera primario. Nada más esencial que lo primario. ¡¡Que venga el frío a nuestras vidas!!

6. La Iglesia que no abraza.

Una de las sensaciones más desagradables de todo el Camino ha sido la llegada a la Catedral de Santiago. El día plomizo, lluvia, y más lluvia. Dolor. Cansancio. Frío. Humedad. Supongo que Henry Miller tampoco ayuda.

La entrada en la capital compostelana no es especialmente atractiva. Carreteras. Polígonos. Barriadas descuidadas. Modernas barriadas sin alma. La llegada a la Catedral se hace interminable.

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Finalmente llego a la Plaza del Obradoiro. Llego por un lateral y la fachada se encuentra de Obras. Ese tremenda fachada que cubre el Pórtico de la Gloria me resulta excesiva en todo momento, pero en obras y con andamiaje el paisaje es fantasmagórico.

El peregrino deambula despistado en búsqueda de la entrada. Esa entrada principal es grotesca, descabellada. Tan solo logra encontrar una puerta con información turística que da acceso a un museo por el que cobran una entrada, y no permite el acceso a la Iglesia. Finalmente logra entrar por una puerta lateral, fea, con tornos, luces de control y vigilancia. Aeroportuario.

Lo peor de todo está por llegar. Ansioso por dar el codiciado abrazo al Santo, en cuyo honor se ha ido construyendo esta amalgama de templos tras la supuesta localización de su Sepulcro por parte del ermitaño Pelayo; compruebo que me impiden acceder al Templo cargado con mis enseres contenidos en una mochila. No dejan entrar a la iglesia con mochila. ¿qué peregrino no lleva mochila?

5. El Camino es Caminar.

Hay días en que lo único que importa es caminar. Despertar tras un descanso necesario que milagrosamente recupera el cuerpo de la jornada anterior. Desayuno tranquilo para emprender dicho camino. Caminos, sendas, carreteras; no importa dónde llevan, importa caminar.

Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.

El camino está constituido pues de un curioso y enmarañado tejido de pasiones entrelazadas: amor, odio, deseo, incertidumbre, salvación, condena…

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De repente, encuentro entre los robles a una extraña visión, o bien esta visión se me aparece. Vestida de rosa y beige, entre la intensa lluvia, se me presenta una peregrina coreana con la única protección de un frágil paraguas. Visita España durante diez días, cuatro de los cuales los dedicará a hacer una parte del Camino de Santiago. Curiosa manera de caminar, pero sus pasos ya forman parte de esta inmesa tela de araña de pasiones que constituyen el Camino.

Alcanzo Palas de Rei donde el albergue céntrico y en un antiguo edificio de piedra me protege del clima adverso, y me permite alcanzar de nuevo el deseado descanso.

4. Alternativas.

En el camino hacia Samos desde Triacastela, existen dos itinerarios para llegar hasta Sarria: el meridional, más largo, que visita el célebre monasterio benedictino de Samos y progresa por las frondosas riberas del río Oribio; el otro avanza más al norte por San Xil y se interna también por bonitos parajes poblados de robles y castaños.

Al llegar a la entrañable localidad de Triacastela, decido mi rumbo. Dos motivos movieron mi voluntad: el primero, disfrutar del famoso Monasterio, el segundo, ver que la indicación hacia el Camino por Samos había sido tachada y su itinerario criticado por violentos comentarios.

Vivimos una época de intolerancia y el Camino ha perdido su sentido religioso. Se ve que está mal visto que en el mismo luzca tan majestuoso monumento. También pienso que el intransigente censor, además de inculto, tenga intereses pecuniarios por el camino septentrional.

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Bien es cierto que los primeros kilómetros desde Triacastela transcurren por las cercanías de la carretera haciéndolo algo tedioso y aburrido; pero no mucho más tarde todo cambia, introduciéndose por sendas y caminos en los que se suceden robles, castaños, muros de piedra, prados, caseríos.

El Camino de Invierno es duro y solitario. La llegada a Samos es una bendición. Soledad. El Monasterio muestra pruebas de su grandeza pasada. Ora et Labora. Con el pueblo pasa lo mismo, grandeza pasada de otra época. Trasnochada actitud ante el nuevo Camino, o quizás desdén…

En un bar cochambroso – el único abierto – consigo comer un bocata, y me recomiendan no dormir en el Monasterio; no hay ni calefacción, dicen. Vuelvo a tomar mi decisión a la contra ¿un albergue con calefacción? El Camino ha perdido algo.

En el Monasterio no hay apenas ni monjes. Me recibe el responsable de la gasolinera aneja. Me avisa de que no hay ningún peregrino en el albergue, tan solo dos vagabundos a los que los monjes han dado de comer, y permitido dormir de manera gratuita. La cama es gratuita en este albergue, la voluntad.

Conozco a los vagabundos, un valenciano y una gallega que han perdido sus trabajos, y otros sueños en lo que no indago. En el surtidor de gasolina me advierten de que tenga cuidado con mi dinero. Son gente muy campechana, y se muestran cercanos. Es la Noche de Reyes. Trascurrida la misma, madrugo para continuar mi camino. Ellos descansan plácidamente. Cuando despierten, verán que los Reyes Magos les habrán obsequiado con un humilde presente.

3. Paisanaje.

Cuando emprendes el camino en invierno, las condiciones climáticas se convierten en imprevisibles, y la soledad en imperativo. La llegada a Sarria ha sido algo aburrida. La ausencia de gente y la presencia de mucho tramos de camino por carretera han hecho el trayecto tedioso. Y la lluvia. Tengo que parar a comer, y no tengo provisiones.

Pasado Sarria el camino se vuelve senda, llueve mucho. La senda transcurre entre pastos, aldeas, bosques de robles y castaños. Y mucho agua. Pasando la ermita de Ferreiros, ya no puedo más. Necesito parar a secarme. Ambiente animado en la venta. Es festivo y la gente está contenta. Pido un vino… Me ponen un vino.

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¡¡Dios mío!! Un buen vaso de vino hasta arriba.
Acerco mi abrigo al radiador. Hay calor y mucho ambiente. Natalia es una joven y animada camarera que discute con gracia con sus clientes. Su piel es blanca, su pelo moreno; entrada en carnes, tiene una energía y un brillo que desborda la belleza de las modelos de revista. Me ofrece un plato de carne con patatas. Churrasco abundante con pan de la zona, y más vino. Otro vaso.

Su madre Julia me prepara un café, acompañado de una botella de aguardiente de orujo para limpiar los posos. Está muy rico. Comienzo una ociosa conversación con sus parroquianos.

El Camino interior, la soledad, el frío y el coraje; pero una fiesta local en una aldea del centro de Galicia es también camino. Un camino hacia las relaciones humanas, a las diversiones de antes, al vino, a la complicidad. Las partidas de cartas; falta el humo.
Sin darme cuenta, Julia vuelca la botella de orujo sobre mi taza. Tengo que beberlo, se trata de una invitación. Aunque está muy fuerte, lo engullo sin rechistar.

Olvido ser peregrino, y mi objetivo: Santiago; y me enfrasco en una animada conversación. De repente, Julia ataca de nuevo con la botella de aguardiente. ¡¡Qué calor!!

El cansancio y el alcohol encienden en mi una extraña pasión. Imagino la vida de Natalia – madre de un pequeño bebe – dibujo su futuro, y aprecio la limpieza de su corazón. Es una joven adorable.

2. Camino Interior.

El Camino de Santiago es más camino en Invierno, y si es con lluvia, mejor. Esa raza tan moderna que se dan en llamar peregrinos han conseguido destrozarlo. Apenas quedan unos días al año en los que te puedes enfundar unas botas, cargarte de una mochila, y dirigirte hacia Santiago como un auténtico peregrino. Invierno, frío, soledad.
Si este camino es acompañado por lluvia, no sólo evitas el encuentro con estos caminantes dicharacheros, sino que también esquivas a los pobladores de la zona que toca recorrer.

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Madrugar en Ponferrada está mal visto; si es domingo, peor. En esta ciudad industrial, el Camino recorre calles de diversa índole – desde las bucólicas de la zona alta, hasta las urbanas y comerciales de la zona baja. Pero un domingo por la mañana no hay ni alma. La lluvia empapa los prados. La lluvia riega los huertos. La lluvia cae por las piedras. Todo parece tener un sentido en tan organizado desorden.

Poblaciones con gente, paisajes con media alma. Paso a paso parece que vamos recuperando el aliento. Surgen las viñas. Es domingo. Hay caza… y cazadores. Coches, perros, sudor y sangre. El peregrino moderno está vestido de una suerte de prendas confeccionadas con tejidos técnicos, luciendo brillantes colores que le apartan del resto de las especies en la zona.

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Una caseta en lo alto de la viña donde los cazadores meriendan tras largas caminatas en busca de sus presas. Una lucha dinámica y desigual, pero en la que deseamos la probabilidad de la sorpresa. David y Goliat. El cazador cazado.
Todo está triste. La montaña parece llorar por el devenir de los acontecimientos. Un río de lágrimas recorre el margen de los caminos. La montaña llora sangre. La Naturaleza se desangra.

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Villafranca del Bierzo, noble villa madre de notables poetas. Monumentos, piedras, cruces, ríos. Mercado. Nobleza y Clero. Cuidadas manos, escribanos. Hidalgos de cuna – los menos – “hidalgos escuderiles que dan humo a los zapatos y toman los puntos de las medias negras con seda verde”. Fachada, pomposidad.
Caminar por sus calles ensancha el alma, y aligera el bolsillo. Decadencia. Nada puede disimular la decadencia. Ese discreto y burgués encanto decadente.
¡¡Qué placer estar solo!! Los nobles en la Corte.

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1. Albergue – Un Hospital de Peregrinos.

Habiendo dormido en el albergue Ave Fénix donde Jato ejerce de hospitalero en Villafranca del Bierzo, junto a la Iglesia de Santiago; comencé mi caminata por las calles de la histórica villa bajo una intensa lluvia.
El Camino transcurre río Valcarce aguas arriba, y surca numerosas montañas entre sotos de castaños y pequeños robledales. Varios fueron los pueblos que fui atravesando por el camino – Pereje, Trabadelo, La Portela, Ambasmestas, Vega de Valcarce, Rutelán, Herrerías, Barrio de Hospital. Pocas fueron las personas que en ellos me encontré, la lluvia y el frío invitaban a sus gentes al recogimiento, y los numerosos negocios que funcionan durante la época estival suelen cerrar por descanso en los duros meses de invierno.

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Mi destino: el Alto de Cebreiro. De manera que indudablemente había que afrontar una dura subida hasta llegar a La Faba. El camino comienza a presentar una notable pendiente, la subida es larga, el terreno con muchas piedras, y la lluvia provoca que la senda se convierta en un arroyo. Llegar a La Faba se me hizo muy duro, ya llevaba varias horas caminando, y estaba empapado.
Finalmente llegué al pueblo donde encontré una bonita casa con calor y comida. No puedo llamarlo albergue porque no se trataba de eso. Se podría decir que se trataba de un refugio. La casa, muy bonita, de piedra y haciendo esquina. Sus administradores muy educados y dispuestos.
Una vez terminado el Camino de Santiago, tengo que decir que éste fue el único sitio en el que no me dejaron meter mi mochila y mi poncho para no mojar el interior. Frecuenté cafeterías, albergues, iglesias, tiendas, restaurantes, ultramarinos, monasterios… en todos los casos me permitieron entrar con toda mi indumentaria penosamente empapada de lluvia y barro.

Mi cabeza volvió al inicio de la jornada, y recordó la jornada anterior en la que Jato y sus hospitaleros se preocuparon de darme alojamiento, en secar mi sombrero y otras prendas, en darme cobijo físico y espiritual, también me dieron de cenar (por la voluntad). Ave Fénix está abierto durante todo el año, el peregrino es el protagonista. Nos sentamos a cenar. No se toca la comida hasta que no estemos todos – hospitaleros y peregrinos. Jato bendice la mesa. El peregrino se sirve el primero. El peregrino es el protagonista. Jato hace una tortilla excelente, y nos ofrece unas conservas de su huerta; pimientos en escabeche. El peregrino está de camino a Santiago, y este es un hospital en el que se le atiende. No es un negocio. Ser hospitalero es entrega. Un albergue es una luz. El albergue ya es Santiago. Hay una Compostela todos los días si hubiera albergues como Ave Fénix. El vino de Mencía calienta nuestras mentes. También quiere que probemos un vino blanco de Godello, ‘de unos amigos de Parandones’, dice Jato. Y el café, no quita el sueño.

Fue el único albergue que encontré desde Ponferrada hasta Santiago de Compostela. No digo que no haya otros, pero el resto de ‘albergues’ en los que me alojé ni eran tales, ni tenían hospitaleros.

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